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viernes, 6 de mayo de 2011

MI ODISEA AL PRESENTARME A UNA EMPRESA TEMPORAL

En la historia de la humanidad el conocimiento y el trabajo han sido el gran motor de la transformación. Sin embargo en nuestro país el trabajo no le permite a una persona lo que se merece, en términos de remuneración justa y de que asegure a sí misma y su familia una existencia digna. Es por eso que me interesó conocer más el proceso que realiza una empresa de selección y reclutamiento de personal y su temática en la que se basan para dicho reclutamiento. En muchos casos, las personas envían hojas de vida y muchas veces, también, no reciben una respuesta que, por lo menos, les diga ¡gracias por postularse! Es así, como decidí contactar a una empresa de éstas que convocan personas por medio electrónico y conocer cómo es la toma de decisiones frente a ello.
El día 27 de abril opté por buscar en las llamadas “bolsas de empleo” que deambulan en la web con la idea de encontrar una que me permitiera filtrarme y conocerlas. De esta manera hubo una que me causó simpatía y llamó mi atención: la oferta decía: “Importante empresa solicita niñas de 20 a 30 años con experiencia mínima de 1 año vendiendo productos de belleza en almacenes de cadena. Importante ser alta, manos bonitas, cutis perfecto, agresividad comercial y proactividad” ¿proactividad?... ¿Qué es proactividad? me pregunté y creí que, debería ser uno tan lambón como sea posible, que si, por ejemplo, le ponen a uno a trabajar horas extra, no diga ni mu y siga sonriendo. Sin embargo, me puse a analizar bien este rollo y hasta de pronto tenía posibilidad alguna de clasificar. ¿Era joven para el puesto o demasiado gorda; o quizá demasiado alta como para poder demostrar que podía vender cremas? Sin más enredos decidí comunicarme al número telefónico que se encontraba al final de ésta, y es así como empieza mi “odisea”, como he denominado esta hazaña, la misma que viven a diario millones de colombianos y colombianas que guardan la esperanza de ser tenidos en cuenta para un “trabajo” digno, remunerado, retribución justa, y todo “lo de ley”, que como dije al iniciar mi relato y, más o menos, como se encuentra descrito en la Constitución Colombiana. En fin, volviendo al meollo de este asunto, opté por realizar tan anhelada llamada en donde me contestó una señorita que me dijo: “Coltempra, buenos días habla Diana”, sin más ni más le di las gracias por su respetuoso saludo, y le pregunté a qué dirección podía llevar mi Hoja de Vida para que fuera estudiada según perfil chequeado en internet y tenida en cuenta. Diana, la recepcionista, después de 4 segundos pensando en su respuesta amable y respetuosa como su saludo, me contestó “debe traerla a la Carrera 7 No 32-14 en un horario de 8:00 a 4:00 de la tarde, en un sobre de manila y utilizando el formato minerva”. Me alegré demasiado al saber que recibían mi hoja de vida, ya que en este país el que le reciban la hoja de vida causa pensamientos positivos o por lo menos en mi caso. Ese mismo día me dispuse a arreglar mi currículum, para presentarlo y guardarlo en un sobre de manila, como me indicaron. Me dispuse a llevarlo sobre las 10:00 de la mañana muy juiciosa y, por si las moscas, colocarme traje de “sastre” ya que la imagen en muchos casos es lo que cuenta pero, puntualmente y como lo contaré en los párrafos siguientes, eso NO sucedió. En fin, al llegar observé que se trataba de un edificio de ladrillos que tiene como nombre “Edificio de la Bolsa”, como 19 pisos en los cuáles la temporal ocupa los pisos 13 y 14. Al llegar, Diana, la misma persona que había respondido a mi llamada y como de aproximadamente 20 años, me anunció con un psicólogo seleccionador llamado Luis Alejandro Guevara. Me dijo siga y siéntese por favor, me condujo a una de esas mesas redondas de madera que por lo general hay en distintas oficinas del país, me tuvieron dos horas mirándome la cara con dos chicas más que al parecer estaban aplicando para la misma oferta, igual de formales todos, igual de asustados todos, igual de pendejos todos, para luego ponernos a hacer un test tipo ¿”Usted que haría?”. Pero lo peor no fueran estas preguntas sino cuando nos pusieron a dibujar casitas, ositos y otras tontadas.
Nunca entendí por qué un dibujo podía probar las capacidades completas de un trabajador, pero tampoco les pregunté. Los psicólogos algo tenían que saber. Luego que el psicólogo “proactivo” mayor, un señor con cara de paisa, nos tratara con amabilidad, como dice la canción sin pausa pero sin prisa, dijo a medio día:

“Para mañana por la mañana necesito, aparte de su pasado judicial, certificados de la Procuraduría, Personería, Contraloría, exámenes médicos por si acaso están en embarazo…” mientras tanto en mi cabeza pensaba y hallaba la razón a lo último que este decía, “…por si acaso están en embarazo…”, por conocimiento a una empresa jamás le conviene recibir a una mujer embarazada que solo implicaría problemas, incapacidades, indemnizaciones y otras muchas cosas en caso de que las pruebas resultaran positivas, mejor dicho, así como dicen ¡Chao! Así las cosas y, como a veces, no me puedo quedar callada, la imprudencia ya es conocida entre el círculo de mis amigos, le pregunte: ¿Por qué tantos papeles?

El proactivo me miró como si yo hubiese escupido el logo de su empresa de contratación. Y respondió a mi pregunta: “porque es lo que pide la empresa” y se volteó dejando ver su caminado y el pantalón de “Arturo Calle”. Finalmente y después de dos horas pasadas me fui de allí con la esperanza no tan lejana de encontrar un trabajo que me permitiera “vivir”, para subsistir mi familia y yo, para poder cubrir de esta manera mis gastos y los de mi hijo, pero me equivoqué al pensar que en este país, si un tonto podía ser político, yo podía conseguir dinero, y aún más fácil en las tan mencionadas “bolsas de empleo y/o temporales”.
Al irme con una mano adelante y la otra atrás pensé: hoy, mi llamada “odisea” debo asumirla como EXPERIENCIA en este largo camino que es la vida.

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