Intentaré poner en texto lo que me suscita la posibilidad de depender de una recomendación política… y soy consciente de que no faltará quien esté interesado y hasta le guste… hay de todo en esta viña¡¡¡
Soy una mujer mayor que aún no accede al subsidio y que, de lograrlo, no le alcanzaría… Que llegada, casi, al primer lustro de la primera quinta década de la vida, desea seguir aprendiendo del mundo que hemos construido. Una estudiante que quiere entender cómo logramos que a los jóvenes todo les parezca ficti, que estén en medio de la nada y naden en la desesperanza y que respondan con agresividad a la menor contrariedad o provocación.
He tratado de permanecer en sintonía con la vida, desde el romanticismo de retar a la muerte tratando de lograr un mundo mejor, hasta su empeño para que todos, en especial niños y jóvenes, tengamos una sociedad más equilibrada y justa.
Ahora bien, ir con una carpeta que demuestre, o lo intente, la capacidad e idoneidad requerida para trabajar es la posibilidad democrática de acceder a empleo, sea público o privado. Lejos pareciera la Constitución de 1886 que indicaba la necesidad de ser avalado por uno de los dos partidos… bueno, pareciera que la democratización se extendió como práctica a los otros partidos, no a erradicar las repugnantes costumbres politiqueras¡¡¡
Depender de si soy conocida e importante para otros como para que yo tenga el empleo y ellos o ellas voten por otro… es una rueda engranada del carro de la corrupción.
Aceptar la evidencia de que mi capacidad vale menos que la palabra del cacique es, para mí, casi tanto como el horror de la indignidad.
Ser indio no es un deshonor. Significa ser trabajador. Acepto que me dirijan, o que, incluso, manden. Acepto prestar mi hombro para que otros suban… pero corcoveo cuando pretenden sentarse en él. Y que pretendan cabalgar suscita mi más enérgica reacción de rechazo.
De manera pues, que estoy ad portas de contribuir a las cifras del desempleo. Porque, aun cuando conozco y estimo a algunos concejales, no me prestaré para contribuir a una cifra más alta y oprobiosa: la de entronizar las roscas en las administraciones.
Buscaré un lugar en el planeta donde mi carpeta pueda rodar y girar sin necesidad de palanca, un lugar horizontal donde se mire hacia arriba, hacia el futuro, en espiral. Esperando que no haya un arriba que me torpedee. O, ¿será mejor, entonces, que me inscriba para obtener un bono de $80.000?
Ayúdenme a decidir: ¡¡¡dignidad o pobreza!!! Sobre lo que me cuenten o aconsejen escribiré. Gracias. M.
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